¿Cuántas veces en la vida puedes decir “eso fue cuando todo cambió”? Sentir mariposas al conocer a alguien, asistir a una entrevista y saber en tu fuero interno que eres tú, instalarte en una casa en la que al fin en el buzón solo pone tu nombre y no parece la colección de compañeros de piso…incluso en el “sí quiero”, aunque no seas tú aun quien lo pronuncie. A mí me ocurrió.Algunas veces no llegas, otras no puedes, pero lo que es seguro es que si quieres, lo conviertas en realidad. Para eso existen las hadas madrinas, ¡yo ya tengo una!
Si te ciñes a los planes, menos te pillan desprevenido. No es de extrañar que algunas horas antes de un enlace comunicar que asistes es una sorpresa, pero ya se sabe que muchas veces se toman decisiones repentinas basándose en emociones.
Me bastó una llamada de la novia para convencerme y unirme a la deliciosa locura, al fin y al cabo es como tener todos los días el pelo perfecto, si no lo alborotáramos no descubriríamos sus posibilidades.
Así que sin vestido, sin bolso, sin hora en la peluquería, ¡sin zapatos!....y aunque soy buena en multitarea, hoy lo habría tenido claro, decididamente para estar fabulosa se puede alquilar durante 24 horas un vestido de verdadera portada de revista, como en 24 HOURS FABULOUS, ¡incluso por Internet! Comprarte un bolso de Louis Vuitton, Loewe o Prada debería ser un derecho, no una fantasía, aunque se puede ir a Look and Stop para hacerlo tuyo por unas horas y a precios verdaderamente asequibles y menos escandalosos que su adquisición.
Es un arte combinar marcas caras con Zara, por ejemplo. Elsa Pataky o Marta Sánchez son grandes especialistas en hacerlo en su outfit diario.
Posiblemente te expones a que tu elección sea la de otra persona en la misma boda, no obstante con los accesorios y el toque personal adecuados serás única. Y esa es mi especialidad….
Aquel día los planetas se alinearon y había que aprovechar las rebajas. Varios cafés y unos cuantos vestidos espectaculares después ahí estaba, el vestido que gritaba mi nombre colgado en una percha de Mango. Para una boda de tarde siempre mejor un vestido largo pero, ¡obviamente había que arreglarlo! No lo tendrían a tiempo y aunque enebro agujas necesitaba un milagro. Apareció y con ello, mi fuente de salvación.
Mi hada madrina no movió su barita, sí su máquina de coser y su dedal hasta altas horas de la noche. Me facilitó complementos y sus consejos como en el cuento, además de una rica cena y unas buenas historias.
Por la mañana los aparatos del pelo decidieron fallarme pero no los profesionales que nacen para ello.
No calcé Blahnik ni las suelas rojas del deseo de Louboutin, tampoco eran de cristal, pero unas sandalias de Irene Laya que encontré ideales me permitían soñar lo que quisiera y ¡causé sensación!
Y para cuando llegó el momento de lanzar el ramo, no hubo calabazas ni zapatos perdidos, pero a pesar de ir con príncipe, me cayó a mí. Será que a veces, debe ser que ¿el final lo escribes tú?























