miércoles, 11 de enero de 2012

GLAMOUR Y SENSUALIDAD que brillan

Me encanta despertarme con la radio. Como la gran mayoría de las personas soy de las que prefieren amanecer unos minutos antes de la hora para así concederme una tregua para el resto del día.

Hoy sonaba “Me gustas tanto” de Paulina Rubio y mientras que pensaba en lo que me iba a costar quitarme la canción de la cabeza por lo pegadiza que resulta, anunciaban lo que al parecer hacía meses era un rumor: la chica dorada se separa. ¿Desafortunada en el amor?

Brilla por ser extrovertida, atrevida, salvaje, provocativa, divertida, moderna, sensual y osada, entre otros muchos calificativos, pero sobre todo diva que se autodefine como “romántica y fuerte”.

Es una auténtica diosa de estilo. Sus largas piernas han sido envidiadas en todo el mundo y los tacones y minifaldas o shorts que acostumbra a utilizar en su vestuario permiten evidenciar su orgullo.
Entre sus diseñadores favoritos se encuentran Valentino, Roberto Cavalli, Galliano y Gaultier y como buena diva, prefiere calzar unos Manolo Blahnik.

Encuentra en la moda su forma de expresarse y lo considera arte, creatividad con la que se ve impulsada al diseñar parte del vestuario en algunas de sus giras. No se puede resistir a los sombreros y muchos los obtiene en tiendas de segunda mano en Londres y París. Su estilo bohemian chic no pasa desapercibido nunca.

A partir de los 25 años muchas estrellas poseen un buen cirujano plástico o, al menos, un buen médico de estética para mantener un buen capital. En el caso de Paulina con 40 años que alcanza ya, confiesa que horas de gimnasia con un entrenador personal, yoga, una alimentación baja en carbohidratos y dormir generosamente son sus trucos para mantener el equilibrio físico y emocional.
El must de su maquillaje es el gloss de labios, con el que ha caracterizado tanto su imagen facial en el escenario como las muchas gafas llamativas que tan solo ella es capaz de poner de moda.
Tal vez ya no le dedique a su marido más el tema “Me gustas tanto", pero mientras que me duchaba pensé que ella nunca iba a dejar de gustarle al mundo. ¿Afortunada?