¿Cuántas veces en la vida seguimos un guión? Hasta los fines de semana nos sentimos obligados a seguir el ejemplo que aprendimos desde pequeños, limpiar, planchar y hacer la estupenda y poco divertida compra semanal. Si el séptimo día descansó, y yo me pongo a quitar el polvo, ¿me salto las reglas? Ahora nos levantamos para cumplir las expectativas que nos ponemos, incluso limpiamos porque queremos…y aun así sigue habiendo personas que tienen que cumplir con lo esperado. ¿Tienen miedo a no saber lo que quieren o resulta más cómodo fichar como en el trabajo?
San Valentín es un día de masacre para las Bridget Jones, un día cualquiera para los agnósticos, y una excusa perfecta para todos de comer chocolate. Es el día universal de románticos y exigentes, todos los que sueñan con un amor de película, porque al fin y al cabo todos queremos eso y hacer añicos nuestra realidad diaria.

En “El amor tiene dos caras”, existe un momento mágico en el que nos cuentan que al enamorarnos oímos a Puccini en nuestra cabeza porque cada sentido se intensifica, cada emoción aumenta. Experimentar la sensación de vivir “La Boheme” o “Turandot”, o leyendo Cumbres Borrascosas y viendo Casablanca.
Hace dos años fui a ver “Amor y otros desastres” en un momento en que aún creía que el amor es una fortuna con la que te tienes que tropezar. ¿Sabremos reconocer al hombre de nuestras vidas cuando éstos llaman a la puerta?
Esa es la incógnita que se plantea en el argumento, y hay una parte clave en la que se desvela que el amor a veces es un proceso, no un acontecimiento. Es una oportunidad que escoges, tal vez no es un efecto o la persona perfecta que estás esperando que llegue.
Es una película para ver, aunque solo sea el estilo tan elaborado y excepcional que mantiene la protagonista, muy auténtica y sofisticada como la Hepburn con su Givenchy en Tiffany´s. Un personaje de diamantes…
He descubierto que las personas que se limitan a seguir un guión en la vida son precisamente aquellas que más secretos albergan, posiblemente de todo lo que no vivieron y necesitan de los demás para poder acercarse a experimentarlo.
Resulta que hay veces que lo buscas, hay veces que no lo pides y veces que llega sin más.
¿Por qué no celebrar el 14 de febrero? No todos los días hay motivos para utilizar un buen pintalabios rojo, con un poco de gloss encima y disfrazarnos de negro con un LBD.
Escogería Trattoria San Paolo con su cocina italiana y un cuidado exquisito, su toque rojo en las mesas y su ambiente como de otra época. Pasearía por el Madrid de los Austrias, me tomaría un Häagen Dazs y elegiría a Puccini como fondo en mi cabeza.

Pero la realidad y el frío polar me han invitado a hacer unos brownies y a brindar con mi pareja antes de que se acabe la jornada y así sorprenderme con lo único capaz de permitir recodarlo todo… ¡una pluma!
Y mañana será otro día…